Mis dos amores

0
30

Quisiste sacar el néctar de mi flor 

cuando apenas y tímidamente,

abría sus pétalos.

Posaste tus labios en los míos

y al instante una sensación 

recorrió mi cuerpo

y un sonido ineludible y penetrante

tocaba por encima de mi ropa 

esa parte aún impúbica 

de una rosa iniciando su esplendor.

Fue tan solo un beso

y mis pequeños senos aún en desarrollo 

querían salir de su blusa 

para ser alcanzados por el

néctar divino de su saliva en mí. 

Fue un instante,

fue un momento de locura, 

fue un ir a las estrellas,

un bajar en el océano

encontrando el esplendor

de un mundo mágico.

Fue la dicha de un cuerpo masculino 

y unos brazos corpulentos 

rodeando mi pequeña y fina figura,

fue una alarma sin usar 

y un pecado sin cometer 

que siempre hubiera querido 

cargar en mí. 

Cómo te amé ¡Oh! Juan del alma 

cómo mi inocencia recorrió en

esos instantes la pasión de mil mujeres 

supe de tu amor por mí

y la muerte llegó en tu delirio incesante

al tratar de alcanzar lo inalcanzable.

Pero, aun en mis sesenta años,

llevo en mí tu saliva,

el tacto de tus manos

y ese adiós con un abrazo

que nunca regresó,

pero jamás salió de mi pequeño envase.

Juan, eres de Dios y ahora, 

vives con Danny.

El, ¿tú sabes?

Me hizo sentir la misma sensación 

él introdujo su sangre y su espíritu 

en mi pequeño pero fortalecido cuerpo. 

Nuestra pasión colmó las ansias 

de amar que hay en el mundo.

Era sublime su adoración hacia mí

y mi amor con pasión y admiración

hacia él.

¿Sabes Juan? 

A Danny le amé hasta los momentos

de enojo que sin motivo dejaba 

en mis empleados.

Era un niño grande 

con sabiduría sin igual. 

Era el hombre que añoraba,

era el padre de mi hija,

era el bonachón y sabio 

era quien en sus brazos me elevaba

era el dios en la mañana 

y la pasión en los atardeceres 

era mi alegría en los paseos 

y mi consuelo en momentos de tristeza.

Fue mi compañero aquí en la tierra

fue la gloria de una 

mujer en agonía

y el sueño dorado de todas las mujeres.

Su agonía duró hasta después 

de mi secuestro 

y de allí el 9 de mayo,

salió para acompañarte

y darte cuenta del encanto 

que tuvimos aquí en la tierra.

La fuerza de los dos está,

y el anhelo de encontrarme vibrante

con los dos es permanente. 

Amo al uno porque sacó el perfume

por primera vez de mi primavera 

y al otro por abonar la tierra 

y sacar el fruto de amor 

y de dulzura que envuelve el deseo 

de un amor que nunca acaba. 

Fuente: Cantos y poemas - Regina Liska Betancur. 
Imagen: Edgar Reascos.